La decoración de interiores es el resultado de la interacción entre la personalidad de quien habita y la pura expresión, ya sea en su asimilación e imitación ya en su mas profundo rechazo, de las tendencias de la época en la que tiene lugar. En esta convivencia entre personalidad y tendencias, es interesante observar los casos en los que la fuerza creativa individual supera las corrientes predominantes y crea formas expresivas personales.
El maximalismo en diseño de interiores es el reflejo de una sociedad influida por los diferentes “revivals” y por el reciclaje, tanto de modas como de ideologías. Entre los más comunes están la vuelta a la década de los años setenta, marcada por una estética que añora a los excesos de vestir y la decoración como metáfora de una época mucho más abierta a la voluptuosidad y a la sensualidad, a veces mezclado don elementos hippies, en donde el dolor y las formas volumétricas acaparan el espacio. Otro de los “revivals” que se producen con más frecuencia es la vuelta a la decorados de los siglos XVIII, XIX y principios del XX, cuando elegancia y satisfacción crean una “jaula de oro” o “torres de marfil” donde defenderse de lo gris, uniformado y aburrido de una contemporaneidad que ha hecho del feísmo y la repetición industrial una bandera.